
El dolor crónico es aquel que persiste más allá de tres meses, independientemente de si existe una causa identificable o no. Afecta a millones de personas en España, impactando en la calidad de vida, el estado emocional y la capacidad funcional. Puede estar relacionado con una enfermedad o lesión persistente —dolor crónico secundario— o constituir el problema clínico predominante —dolor crónico primario—.
Convivir con dolor crónico no es inevitable. Existe tratamiento especializado.
La lumbalgia y la cervicalgia crónicas son las causas más frecuentes de consulta en las unidades de dolor. Cuando el tratamiento conservador no ha sido suficiente, existen técnicas intervencionistas —como las infiltraciones o la radiofrecuencia— que pueden contribuir al alivio del dolor.
El dolor neuropático aparece como consecuencia de una lesión o enfermedad del sistema nervioso. Se manifiesta con sensaciones de quemazón, electricidad, hormigueos o hipersensibilidad al tacto. Es especialmente frecuente en pacientes con diabetes, herpes zóster, lesiones nerviosas o tras cirugías.
La fibromialgia es una enfermedad caracterizada por dolor musculoesquelético generalizado y persistente, a menudo acompañado de fatiga, alteraciones del sueño y dificultades cognitivas. Requiere un abordaje especializado y multidisciplinar para mejorar la calidad de vida del paciente.
El manejo del dolor en el paciente con cáncer es uno de los pilares del tratamiento oncológico. La Unidad de Tratamiento del Dolor trabaja en coordinación con el equipo de oncología para el control del dolor en las distintas fases de la enfermedad.
Cuando las cefaleas son frecuentes, intensas y no responden al tratamiento habitual, la valoración por una unidad de dolor puede ofrecer opciones terapéuticas adicionales.
En algunos pacientes el dolor persiste después de una intervención quirúrgica más allá del tiempo esperado de recuperación. Este dolor crónico postquirúrgico requiere un abordaje específico diferente al del dolor agudo postoperatorio.
Técnica que utiliza energía de radiofrecuencia para modular o interrumpir las señales de dolor en nervios específicos, con resultados que pueden prolongarse durante meses.
Administración de medicación directamente en la zona de dolor —articulaciones, nervios, tejidos periarticulares— para reducir la inflamación y aliviar el dolor de forma localizada.
En casos de dolor crónico refractario, pueden valorarse dispositivos como sistemas de neuroestimulación o bombas de infusión intratecal, para un control más preciso y duradero.
El tratamiento del dolor crónico se beneficia de la coordinación con neurología, reumatología, rehabilitación y psicología para un abordaje integral.
Especialistas en tratamiento del dolor con atención personalizada a cada paciente y su situación.
Las técnicas que requieren control de imagen o sedación se realizan en un entorno hospitalario con los medios adecuados para cada procedimiento.
La Unidad de Tratamiento del Dolor trabaja en coordinación con neurología, oncología, reumatología y rehabilitación para ofrecer un abordaje integral.
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